NACE UNA CONGREGACIÓN
Del viejo tronco de la Recolección Agustiniana hemos nacido. Concretamente en el corazón de un extraordinario misionero agustino recoleto, Monseñor Francisco Javier Ochoa, obispo de Kweitehfú, China, con la femenina colaboración de tres agustinas recoletas que, invitadas por él, cambiaron el rumbo inicial de su vida contemplativa en España, y el 19 de mayo de 1931, llegan a la misión de Kweitehfú. El Espíritu habla en la vida y en la historia, ¿qué es lo que escucha el fundador?
Nuestro fundador Mons. Francisco Javier Ochoa, lleno de celo apostólico, percibe imperantes necesidades sociales, fraternas y apostólicas.





El ser misioneras, nos hace mujeres fecundas, por lo tanto, nos hacemos madres espirituales, madres que acogen, que corrigen y que enseñan con amor.
Somos mujeres contemplativas en la misión, y de esta manera, encontramos a Dios en el hermano que camina a nuestro lado. Mujeres apasionadas por el Reino y comprometidas con el anuncio del Evangelio que se nos ha confiado.
Estamos presentes en 10 países “animando e impulsando personal y comunitariamente el anuncio explícito de Cristo” (Cfr.C.C80) en la pastoral parroquial, educativa, en campos de misión. “Nuestro primer campo de misión es la propia comunidad en su búsqueda constante de la caridad, atendiendo de manera especial a nuestras hermanas mayores».
Y tú, que hoy nos lees, si te sientes llamado/a para ser misionero/a al estilo de San Agustín y de nuestros fundadores, ¡ánimo!, ¡atrévete! ¡no estás solo/a!, Dios está contigo! y nosotras también, te ayudaremos a descubrir y a cumplir el plan maravilloso que Dios tiene para tu vida.

Tenemos un padre: AGUSTIN, el de Hipona. Un hombre de corazón grande que vivía la amistad en la comunidad. Su ideal era vivir como los primeros cristianos, que unidos en armonía buscaban a Dios. Según él, la amistad ayuda a crecer y está tejida de comprensión y sinceridad. El estilo de vida religiosa que proyectó para sus comunidades es el habitar unánimes y concordes en la casa del Señor y tener una sola alma y un solo corazón en Dios, sin llamar propia cosa alguna, sino teniendo todo en común, a imitación de la primitiva comunidad cristiana de Jerusalén. Como queremos e intentamos ser fieles al proyecto y espíritu de Agustín, nuestro padre, para nosotras la fraternidad es fundamental. En medio de un mundo dividido por el desamor e insolidario, nosotras debemos manifestar, con nuestra vida, que es posible la fraternidad y la unidad, nacidas de la caridad y dentro de la diversidad.

Ser Recoleta, significa ante todo, ser fieles al espíritu de la Recolección Agustiniana que vivimos en comunión con nuestros hermanos Agustinos Recoletos. Este legado, hace eco a la obra del Espíritu Santo en el siglo XVI en un grupo de religiosos agustinos que, rodeados por un contexto de acomodación, son impulsados para vivir con mayor coherencia la caridad evangélica de Jesucristo, asumiendo una vida más recogida, e intensamente dedicada a Dios y a la comunidad. Tal fidelidad al espíritu de la Recolección Agustiniana hoy (ser Recoleta) significa vivir el discipulado de Jesús, como un proceso vivo y continuo de recogimiento y de conversión interior, reconociendo que es en lo profundo del ser y de situaciones donde Dios habita y habla. Así lo decía San Agustín: “No salgas fuera, entra en tu interior, dentro de ti habita la verdad, trasciéndete a ti mismo” (v. rel. 72).
Tal proceso de recogimiento: de reconocer la necesidad y prioridad del silencio, la oración, la interioridad, la docilidad al Espíritu Santo, de la intimidad-comunión-amistad con Dios, la entrega total e incondicional al Señor, dan vida al ser Misionera Agustina Recoleta.

